La lectura, base de la educación.
En la educación de todo individuo, la lectura es la base del aprendizaje y del desarrollo de habilidades cognitivas. Los escritos son una fuente de conocimientos. En ellos, los lectores viajan por los caminos de la imaginación, adentrándose en el territorio de la escritura, transitando por él como si fuera la vida misma. Los libros muestran un mundo más amplio; proporcionan ideas, vivencias, emociones, pensamientos y sentimientos. En esta actividad, la participación activa de la mente es un factor que favorece el desarrollo de la imaginación, la creatividad y enriquece el vocabulario en la expresión oral y escrita. En consecuencia, la persona que adquiere el hábito de leer garantiza un alto rendimiento escolar.
La lectura ayuda al desarrollo y perfeccionamiento del lenguaje. Esta práctica mejora la expresión oral y escrita, haciendo el lenguaje más fluido. En el acto de analizar textos, se establecen conceptos, juicios y razonamientos, aunque no seamos conscientes de ello, estamos dialogando constantemente con el autor y con nuestra propia cosmovisión.
La lectura debe realizarse en forma natural y agradable, no puede significar una obligación y menos un castigo. El tiempo de lectura lo establece el lector. El individuo debe visualizar la lectura como una inversión porque ayuda a incrementar su conocimiento, a cultivar su inteligencia, su personalidad y a desarrollar el sentido común. La persona no cree lo primero que escucha, al menos tiene un cierto bagaje cultural que matiza cualquier intento de absolutismo respecto a ciertos temas. El h forma ciudadanos críticos e independientes, difíciles de manipular y con una imaginación siempre activa. Los libros marcan al lector, permitiéndole conocer palabras adecuadas para construir ideas y expresarlas.

8 de enero de 2012 a las 20:13
Es inevitable el carácter formador que tiene el hábito de la lectura en la formación del individuo, pero no podemos dejar de lado, los factores que condicionan e interactúan en él los padres de familia, el docente, la cultura y una sociedad en general que como bien mencionas sufre cambio vertiginosos.
No quiero repartir responsabilidades sino compartirlas, es decir, el hábito de la lectura debe ser un compromiso colectivo que beneficie a todos.